Deserción escolar: comprender el abandono para garantizar la permanencia

El Premio Nobel de Economía James Heckman fue invitado durante el Gobierno del expresidente Juan Manuel Santos como asesor del programa De Cero a Siempre, de la Alcaldía de Bogotá. El académico estadounidense expuso la importancia de la educación en los primeros años, en especial de los 0 a los 5, y cómo la atención en la primera infancia va a determinar el futuro de cada individuo en relación con lo social, lo económico y la calidad de vida.

En una conferencia titulada El poder de los primeros años: políticas para fomentar el desarrollo humano, Heckman explica que hay gran evidencia en la psicología, en la economía y en las neurociencias que demuestran la importancia de esos primeros años de vida y la necesidad de la comprensión de las desigualdades en los procesos de aprendizaje; además menciona cómo las habilidades o destrezas influyen en los procesos del desarrollo humano. Según él, muchos problemas económicos y sociales, como la tasa de deserción escolar, la delincuencia, los embarazos adolescentes o las malas condiciones de salud tienen su origen en bajos niveles de educación y no se deben tratar como problemas aislados.

Cuando se habla de formación –sostiene Heckman–, es un error común centrarse solo en medir el coeficiente intelectual y el rendimiento académico, cuando otros ámbitos diferentes a lo cognitivo como carácter, destrezas sociales y personalidad juegan un papel importante. En el área de salud mental, por ejemplo, las aptitudes socioemocionales conocidas como habilidades blandas o soft skills son tan importantes como un coeficiente intelectual alto. Aptitudes que están relacionadas con la adaptabilidad, la comunicación, el liderazgo, el trabajo en equipo, la inteligencia emocional y la resolución de conflictos.

Ya lo dijo Nazareth Castellanos, doctora en neurociencias en su libro El puente donde habitan las mariposas: «La ternura es más importante que la inteligencia», en el que explica, como resultado de estudios científicos, cómo la plasticidad del cerebro se puede modificar con el cultivo de, por ejemplo, la compasión y la amabilidad hacia sí mismo y hacia los demás y, en general, con el desarrollo y la gestión de las emociones.

Expertos de áreas del conocimiento como la psicología y las neurociencias plantean la importancia de poner atención a las emociones, a cómo nos relacionamos con las otras personas, a la introspección y a la autoevaluación, y en cómo esto tiene una repercusión en diferentes ámbitos de la vida. Para esto, la familia, el entorno social y las instituciones educativas juegan un papel fundamental en el desarrollo de cada ser.

En un artículo de opinión, el docente y columnista Julián de Zubiría señala que, en Bogotá, los colegios reportaron a 10 000 niños y jóvenes al sistema de alertas por ideación suicida en 2023 y, en ese mismo año, en Estados Unidos, el 57 % de las adolescentes afirmaron presentar depresión profunda. Zubiría expone en un documento de la Universidad de los Andes que, en Colombia, en lugar de desarrollar competencias comunicativas esenciales para la vida como leer, escribir o elaborar discursos orales coherentes, se enfatiza en el aprendizaje de reglas gramaticales y ortográficas que, según él, no son tan relevantes para la vida como sí lo es desarrollar competencias transversales para pensar, convivir, interpretar, leer y escribir.

La deserción escolar, en parte, está asociada a situaciones emocionales como depresión, problemas familiares, violencia intrafamiliar y otras dificultades de salud mental que representan causas de alarma. «La disminución del abandono escolar frente a estos problemas se logra mediante el acompañamiento y la intervención de profesionales», asevera William Gaviria, rector de la I. E. Leticia Arango de Avendaño, quien añade que en muchas instituciones públicas hace falta mayor cobertura en el ámbito nacional: «En contextos como en el de Envigado, contamos con equipos interdisciplinarios que permiten intervenir de manera oportuna, ya sea desde el mismo colegio o en articulación con las EPS, para evitar que la salud mental se convierta en un factor de riesgo para la interrupción de la trayectoria educativa».

La deserción es una de las manifestaciones más visibles de los procesos educativos, y las instituciones educativas están experimentando cambios importantes como consecuencia de ello, por eso investigar este tema es fundamental. Así lo manifiesta Alejandra Estefanía Patiño, ingeniera industrial y doctora en Estadística, quien es docente en la Institución Universitaria Pascual Bravo: «Los estudiantes de primeros semestres son los más vulnerables, por lo que se requiere prestar especial atención a estos niveles. Es necesario generar diagnósticos útiles y estrategias institucionales que motiven la permanencia estudiantil, favorezcan la toma de decisiones informadas y permitan diseñar políticas sustentadas en el análisis riguroso de los datos disponibles».

En la misma línea de pensamiento, María Camila Roldán, quien trabaja en el programa Melo Creo de la Secretaría de la Juventud de la ciudad de Medellín, habla de la importancia de crear estrategias para que los jóvenes permanezcan en el sistema educativo en programas técnicos, tecnológicos o profesionales: «A través de la formación y de un título, incluso técnico, los chicos pueden acceder a oportunidades reales que impacten sus condiciones económicas y su vida. Tener ingresos estables implica comida, bienestar familiar y la posibilidad de salir de círculos de pobreza. Esto realmente transforma vidas».

Melo Creo es una estrategia que nace de la necesidad de atender el incremento de la deserción en las instituciones oficiales de educación superior de la ciudad. Dirigido a la comunidad estudiantil de noveno, décimo y once, busca dar a conocer todas las oportunidades a las que pueden acceder después del colegio. Adicional a esto, propicia una guía para elegir qué estudiar, cómo prepararse y cómo financiar los estudios. «Desde la alcaldía buscamos que los jóvenes se formen, pero más allá de eso, que puedan acceder a oportunidades formales de trabajo que los transforme de manera positiva para escalar socialmente, pues el trabajo formal trae muchos beneficios», afirma María Camila.

Si bien las universidades del distrito ofrecen apoyos como refrigerios, tarjetas para acceder al sistema Metro y opciones de matrícula cero a través de Sapiencia, hay personas que no pueden acceder al estudio porque deben ocuparse de resolver las urgencias económicas o de cuidados de sus hogares. Por esta razón, algunos no llegan a la universidad o desertan durante su paso por ella.

Camila, quien es egresada de Ciencias Políticas, cuenta que a partir de los datos recolectados con el programa Melo Creo, detectaron dos causas principales de desvinculación escolar. En contextos en los que no se cuenta con información ni con referentes en el entorno familiar o social de casos que hayan asistido a alguna institución universitaria, se dificulta la toma de decisiones, lo que lleva a los jóvenes a elecciones erróneas. La segunda es el nivel académico con el que egresan de los colegios. Las universidades son más exigentes y rigurosas, lo que también incide en este problema.

Este abandono escolar se presenta con mayor fuerza en los momentos de transición: de primaria a bachillerato y del colegio a la universidad, así como en los períodos intersemestrales, tanto en carreras profesionales como en carreras técnicas, destaca William Gaviria, quien también es docente del área de Ingeniería de la Institución Universitaria de Envigado. Así mismo, Roldán advierte que la mayor ola de retiros se da entre el primer y tercer semestre universitario: «Nuestro objetivo no es que los estudiantes no pierdan materias ni que no se cambien de programa, porque eso es válido. Todos hemos perdido parciales o materias, lo fundamental es que permanezcan en el sistema educativo».

Estas renuncias agravan los problemas sociales que la originan, comenta Gaviria: «Es una lucha constante y permanente. Siempre existirán indicadores de no permanencia, pero la meta es reducirlos al máximo para que niños y jóvenes puedan continuar su proyecto de vida y formarse como ciudadanos competentes y bien preparados».

Plataformas para medir la deserción escolar

Los colegios y el Estado colombiano cuentan con programas para hacer seguimiento de la información relacionada con los ingresos y egresos de cada estudiante. Existe una herramienta informática del Ministerio llamada Sistema de Matrícula Estudiantil de Educación Básica y Media (SIMAT) utilizada por instituciones oficiales y privadas, la cual registra el recorrido educativo de los alumnos desde la primera infancia hasta el grado once. Cuando un joven se retira del sistema educativo, queda ese registro. «Esta plataforma no permite duplicaciones, de modo que, si una persona sale del sistema y no aparece registrada en otro colegio, automáticamente figura como desertora. Es uno de los principales instrumentos que permite medir con bastante cercanía la realidad de la interrupción de los estudios en Colombia en los niveles de primera infancia, básica y media», explica William.

Las universidades e institutos tecnológicos también cuentan con sistemas de recolección de evidencias para medir y aplicar medidas de prevención sobre el abandono escolar. En la Institución Universitaria Pascual Bravo (I.U. Pascual Bravo) existe la Unidad de Vigilancia e Inteligencia Tecnológica y Computacional (UVIC), sistema que recopila datos y se articula con otras fuentes como el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES) del Ministerio y el Sistema de Información y Control Académico Universitario (SICAU) de la IU Pascual Bravo, esto para acceder a sus fuentes y generar reportes propios para los procesos institucionales, lo que incluye estadísticas sobre matrículas, deserción, distribución de programas y estudios sobre carga docente.

Esteban Palacio, analista cualitativo de la UVIC, explica que la razón de ser de la unidad es articular evidencia proveniente de distintas fuentes para generar insumos que orienten en cómo operar. «Encontramos variables de tipo familiar, académico y socioeconómico», comenta Esteban, y agrega que con un modelo que recopila cifras del proceso educativo y de la trayectoria estudiantil de manera individual se pueden identificar patrones, riesgos y vulnerabilidades asociados.

Los investigadores de la UVIC encontraron que las variables de alerta temprana que más se correlacionan son las socioeconómicas: personas que estudian y laboran, dificultades para acceder a servicios básicos como acueducto, inseguridad alimentaria y ser responsables del cuidado de familiares. Estas son las causas más comunes en los primeros semestres y es a partir del tercero que aparecen con más fuerza las razones académicas: bajo rendimiento, cancelación frecuente de materias e inscripción de pocos créditos. «Es fundamental hacer un seguimiento permanente al núcleo de la institución, que son los estudiantes. Esto implica reconocer factores de riesgo, identificar coincidencias y patrones e intervenir de manera oportuna. De poco o nada sirve saber qué está pasando con la vida y la trayectoria académica de los jóvenes si no actuamos a tiempo y de forma adecuada», concluyó Esteban.

Analítica de datos para entender la deserción escolar

En el 2025 en la I.U. Pascual Bravo se desarrolló un proyecto de investigación orientado a entender la desvinculación del sistema educativo desde la analítica de información y la computación visual en un esfuerzo conjunto en el que se integró análisis estadístico, aprendizaje automático y experimentación computacional.

En la investigación, titulada Exploratorio computacional de la deserción estudiantil en la I.U. Pascual Bravo utilizando herramientas de la analítica de datos, se recopiló una base institucional que incluye información de 64 800 estudiantes con más de 110 variables académicas, socioeconómicas y administrativas. A partir de esto se identificaron cerca de 3 572 casos de abandono escolar en los últimos cinco años, lo que corresponde aproximadamente a un 5.5 % de desertores frente al 94.5 % de personas que permanecen. Estos reportes representan un desafío significativo: detrás de cada cifra hay trayectorias formativas interrumpidas, dificultades económicas, problemas académicos o tensiones personales que requieren visibilización y atención.

El equipo de investigadores estuvo conformado por los docentes de la Institución Alejandra Estefanía Patiño y Farley Albeiro Restrepo, el docente del ITM Juan Carlos Briñez y el estudiante de Ingeniería de Software Gabriel Jaime Cardona. Estos dos últimos son autores del artículo científico resultante del proyecto, el cual fue aceptado para ser publicado en una revista científica de alto impacto.

Alejandra explica que lo primordial es identificar de forma asertiva los riesgos y mostrar a las áreas directivas cuáles son las principales falencias para tomar iniciativas de corrección: «De manera paralela a la evaluación de indicadores y a la construcción de perfiles de riesgo, revisamos bibliografía especializada y analizamos alternativas para la mitigación de la deserción. Los resultados fueron entregados a la UVIC, desde donde se está enriqueciendo y depurando la base de datos, integrando información adicional y aplicando filtros más rigurosos. El ejercicio que realizamos ofrece pistas y elementos a considerar en futuros modelamientos más robustos por parte de la Institución».

Esta investigación evidencia que estudiar la salida temprana del sistema educativo además de ser una necesidad académica, es una responsabilidad estructural. «Contar con registros confiables, modelos predictivos robustos y una comprensión profunda de los factores asociados al abandono, permite orientar estrategias más efectivas de acompañamiento, permanencia y bienestar estudiantil. Nuestro propósito es que este trabajo contribuya a decisiones más informadas y, sobre todo, a que menos personas vean interrumpidos sus proyectos de vida», asevera Alejandra Estefanía.

La deserción no se debe entender únicamente como un indicador estadístico ni como una falla individual del estudiante, es el resultado de múltiples causas que se entrecruzan a lo largo de la trayectoria educativa y que requieren respuestas integrales, oportunas y basadas en evidencia. Contar con datos confiables, herramientas de analítica y una comprensión profunda de las dimensiones sociales, emocionales y académicas del retiro escolar permite a las instituciones asumir una responsabilidad activa en la permanencia estudiantil. El reto consiste en garantizar que niños, jóvenes y adultos puedan sostener sus proyectos de vida por medio de la educación, y se fortalezcan su bienestar, autonomía y participación en la sociedad.

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