Inteligencia artificial sin límites: retos y diagnósticos para la ciberseguridad

La ciberseguridad tiene como objetivo proteger redes que conectan computadores, teléfonos celulares, tabletas u otros dispositivos vinculados a redes internas como cámaras de seguridad, así como servidores y datos frente a accesos no autorizados, robos o sabotaje. Para esto, combina tecnologías, políticas y prácticas para salvaguardar la información albergada. Entre los mecanismos tradicionales se incluyen medidas como antivirus, copias de seguridad, sistemas de detección de intrusiones y arquitecturas de red segmentadas, que dividen una red amplia en subredes más pequeñas y aisladas, lo que limita el daño si un atacante vulnera un equipo.

El aumento constante de accesos ilegales a estos sistemas digitales prioriza la protección hacia los ciberataques, que son operaciones contra sistemas informáticos, redes o dispositivos conectados a internet, diseñados para alterar, robar o borrar datos guardados en la red. Pueden ocasionar grandes daños, tanto para particulares como para organizaciones y sistemas financieros, sanitarios, administraciones públicas o de cualquier índole, lo que desestabiliza y pone en riesgo información delicada que puede ir desde números de teléfonos, contraseñas, datos bancarios, sistemas internos de organización, hasta información confidencial de empresas o gobiernos, lo que se traduce en pérdidas económicas, colapso de servicios o daño de reputación.

Existen muchos tipos de ciberataques, entre los más comunes está el malware, programa informático diseñado para infiltrarse en un sistema sin el consentimiento de su usuario y dañarlo. Otras variedades de malware, como los virus, se replican para damnificar archivos; los troyanos, que se disfrazan de programas legítimos para engañar; el spyware,que espía los datos de forma invisible, y el ransomware, mediante el cual se secuestra información para que los hackers pidan un rescate por esta. Otra modalidad es el phishing, en la que los delincuentes se hacen pasar por entidades legítimas o personas de confianza para engañar a los usuarios y robar información confidencial como contraseñas o datos bancarios, infectar sus dispositivos con malware o extraer dinero directamente.

Un ejemplo de ataque de este último fue el del ransomware WannaCry, que se propagó en el mundo y afectó a más de 200 000 computadores en 150 países y los piratas cibernéticos solicitaron un rescate en bitcoins para liberar la información. Uno de los sectores más afectados fue el de la salud, a causa de esto, hospitales de Reino Unido se vieron obligados a suspender sus servicios.

Pero estos ataques maliciosos no siempre son a gran escala: «La falta de precauciones puede llevar al robo de información personal o de dinero a través de dispositivos móviles», afirma Miguel Becerra, PhD en Modelación y Computación Científica, y añade que «en la actualidad la información es vital: si no se protege de manera adecuada, una empresa puede quedar prácticamente paralizada, pues gran parte de la vulnerabilidad en ciberseguridad proviene del factor humano».

Mejora la seguridad, pero avanzan los ciberataques

Para evitar el avance de las vulneraciones en la web, se crearon los cortafuegos o firewall, que bloquean accesos no autorizados y amenazas cibernéticas de aplicaciones, estos junto a los sistemas de detección de intrusiones tradicionales se diseñaron para un mundo en el que los ataques seguían patrones predecibles. Ahora, la Inteligencia Artificial (IA) introdujo un nivel de adaptabilidad que hace que estos controles sean en, muchos casos, obsoletos. Programas informáticos diseñados para realizar tareas automatizadas y repetitivas a través de internet llamados bots (abreviación de robots), imitan el comportamiento humano con fidelidad, simulan movimientos erráticos del ratón, retrasos en la pulsación de teclas y navegación no lineal, lo que ocasiona confusión entre un cliente legítimo y un agente automatizado malicioso.

Debido a la adopción masiva de la IA se pueden crear aplicaciones web funcionalesen pocas horas gracias a sistemas generativos. Esta democratización del desarrollo amplía la creación de software, pero también multiplica los riesgos, pues la sofisticación de las capacidades tecnológicas crece en paralelo con las amenazas a la ciberseguridad, lo que da pie a una proliferación de aplicaciones con códigos defectuosos y configuraciones de protección frágil o inexistente. Así lo señala un artículo de Endor Labs, plataforma de seguridad de aplicaciones con IA, en el que se afirma que cerca del 40 % de las soluciones de código generadas por IA contienen debilidades de defensa explotables, incluso cuando se utilizan modelos de última generación.

Prevención, diseño y monitoreo

La economía del ataque, como lo afirma el portal especializado Security Week, ha colapsado; lo que antes requería semanas de investigación y miles de dólares en talento humano, ahora se puede ejecutar en minutos por una fracción del costo mediante el uso de enjambres de agentes de datosmaliciosos, también llamados AI agent swarm, grupos de IA especializados que trabajan juntos en una tarea común, donde cada uno se encarga de una parte del problema y coopera para lograrlo. Así, identifican debilidades técnicas y automatizan el movimiento lateral, lo que significa que, en lugar de atacar el objetivo final de inmediato, se desplazan de un dispositivo a otro para escalar privilegios y encontrar temas críticos para filtrar antes de que los equipos de respuesta a incidentes puedan siquiera detectar la anomalía inicial.

Las pequeñas y medianas empresas que no cuentan con equipos especializados están mucho más expuestas. Julián Grisales, arquitecto blockchain de Cuemby (Grupo Cibest), advierte que en Colombia es frecuente ver entidades públicas y hospitales afectados por ransomware o malware: «Cuando no hay recursos ni conocimiento especializado, el riesgo aumenta y, en algunos casos, las organizaciones ni siquiera detectan que han sido comprometidas hasta meses después». Julián comenta que, de cara al futuro, el principal reto es adaptarse, pues la IA también se puede utilizar como herramienta defensiva: «Hoy cualquier empresa puede consultar modelos de IA para evaluar su postura de seguridad, identificar vulnerabilidades y generar planes de acción. Existen prototipos gratuitos o de bajo costo que permiten obtener diagnósticos iniciales y recomendaciones de mejora. Aunque siempre será necesaria la revisión humana, estas herramientas pueden cerrar brechas en organizaciones que no cuentan con equipos robustos».

Investigación que anticipa el fraude digital

Gran parte de la fragilidad en ciberseguridad proviene del factor humano; por esto, es importante contemplar el análisis comportamental del usuario, así como la necesidad de sensibilización y la formación continua, asevera Miguel Becerra, quien añade: «Un descuido humano puede comprometer la estabilidad de cualquier organización, incluso instituciones educativas, donde un ataque podría eliminar documentación crítica como la nómina o datos financieros».

Becerra, quien adelanta una investigación en la Institución Universitaria Pascual Bravo relacionada con la seguridad digital, plantea que este tipo de proyectos son fundamentales porque a medida que avanzan los desarrollos en el tema, también aumentan las vulnerabilidades y los mecanismos para atacar los sistemas: «Si no se desarrollan de manera constante nuevas soluciones, las amenazas superan las defensas. Hoy en día, por ejemplo, la huella dactilar es más fácil de falsificar que antes, y lo mismo ocurre con el iris. Por eso es importante explorar medios alternativos de identificación biométrica, como señales cerebrales o patrones comportamentales».

La investigación, llamada Framework de fusión de la información orientado a la protección de fraudes usando estrategias adaptativas de autenticación y validación de identidad, está basada en un modelo creado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, el cual está compuesto por cinco niveles:

  1. Reprocesamiento y acondicionamiento de los datos provenientes de diversas fuentes.
  2. Selección de información y construcción de prototipos predictivos.
  3. Análisis contextual de variables biométricas y comportamentales para detectar anomalías.
  4. Predicción dinámica del riesgo, con decisiones automatizadas de otorgamiento o denegación de acceso.
  5. Interacción humano–computador a través de tableros de control que visualizan alertas, ataques detectados y posibles falsos positivos.

El núcleo del proyecto es un modelo de impulsión de datos denominado BOTA-DL, que cubre desde el tratamiento inicial de la documentación hasta la construcción de prototipos predictivos y su realimentación continua para mejorar su rendimiento: «Se trata de un diseño complejo que se adapta a los requerimientos del usuario final para tomar decisiones de control de acceso», puntualiza Becerra. Este se puede utilizar para el control de acceso a puertos de comunicación o puntos estratégicos de una organización, a través de mediciones biométricas basadas en señales electroencefalográficas o comportamentales, lo que permite validar o negar accesos. También se implementa al tráfico de red para conceder o negar servicios según los patrones detectados. Becerra explica que esto es relevante porque las emociones pueden alterar los patrones cerebrales y, por tanto, afectar los sistemas de identificación biométrica.

Julián Grisales, magíster en Gestión de Tecnología para la Información y estudios de maestría en Desarrollo de Aplicaciones con Enfoque en Inteligencia Artificial, agrega que estamos en un momento revolucionario: «Cualquiera puede crear software, pero así mismo, cualquiera puede intentar atacarlo. Por eso debemos adaptarnos rápido a este nuevo entorno. La velocidad de desarrollo debe ir acompañada de responsabilidad. La innovación no puede desligarse de la conciencia sobre los riesgos, porque al final lo que está en juego son los datos y la confianza de los usuarios».

Si bien es una obligación de las organizaciones, empresas y gobiernos estar preparados para estos ciberataques, los usuarios también deben estar atentos ante estos riesgos para no caer en estafas. Algunas recomendaciones son: estar al tanto de las modalidades de phishing pues se actualizan de manera constante, implementar contraseñas fuertes y autenticación de dos factores (por ejemplo, además de la contraseña, un código que se envía en el momento al móvil o correo electrónico), como también sistemas de detección y prevención de intrusiones, hacercopias de seguridad de la información frecuentes que se almacenen de forma segura y realizar con regularidad actualizaciones de softwares para proteger equipos que incluyan firewalls, antivirus y antimalware.

La inteligencia artificial amplifica tanto la capacidad de innovar como la de vulnerar sistemas, por lo que es importante desarrollar una cultura de seguridad integrada, ética y adaptativa. Más allá de la discusión de la importancia de adoptar el uso de la IA, el reto para las organizaciones se centra en cómo comprender mejor sus límites y responsabilidades.